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Joven que ganaba millones vendiendo sandwiches perdió todo por multas

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Miércoles 16 de Octubre de 2019 | 10:24 hrs.

Joven que ganaba millones vendiendo sandwiches perdió todo por multas

Acá te contamos su historia...

Matías Leiva tenía 37 años y con su sueldo en ese entonces no le alcanzaba para cubrir sus deudas. Ante la necesidad, este joven de la Ligua, agarró sus seis mil pesos de su bolsillo y los invirtió en una arriesgada idea: Fue a un supermercado, compró harina, levadura, queso y jamón. ¿Su idea? Amasar y vender pan con queso y jamón en el Paseo Ahumada, en el centro de Santiago.

“Salí a la calle, con toda la vergüenza que eso significa, le dije a mi amigo ‘Sebita’ pero no me creía”, relató esta mañana en el matinal Bienvenidos donde estuvo contando su experiencia. Esa mañana llegó al centro a eso de las 7:30 horas, antes de entrar al trabajo y aunque en un comienzo estaba asustado, finalmente logró vender sus 12 panes. A la mañana siguiente, repitió la rutina y vendió 18. Así, en cuestión de días comenzó a vender 50 panes diarios y de a poco comenzó a darse cuenta que era un negocio realmente fructífero, comentó hace dos años al matinal Bienvenidos.

Al comienzo fue un éxito y así se gestó La Insolencia, emprendimiento que llegó a tener una treintena de trabajadores que vendían los sándwiches en distintos puntos del centro de la capital.

Tras su paso por el programa, su historia se volvió prácticamente viral y se replicó en varios medios de comunicación, tanto así que llegó a vender tres mil panes diarios.

Sin embargo, esto fue un arma de doble filo, ya que si bien comenzó a vender más también significó que los inspectores municipales hicieron lo suyo y le sacaron tantos partes a él y a su equipo. En agosto del año pasado -fecha en la que cerró la compañía- sumaron más de $100 millones en partes.

Varios de mis ‘insolentes’ (como les llamaba a sus trabajadores) llegaron de otros países, otros eran estudiantes y sacaron sus carreras. “Les hice contrato y éramos una familia, pero todo eso quedó atrás”, comentó Matías a La Cuarta.

Respecto a cómo se gestó esta situación que más tarde terminó saliéndose de control, relató al diario que “el municipio estaba implementando el plan de Comercio Justo. Postulamos a permisos para poder trabajar, pero los partes comenzaron a llegar. Perdíamos los canastos con los panes, pero nos volvíamos a levantar, y nos volvían a multar y a quitar todo. No podíamos entrar al centro de Santiago. Yo no culpo a los inspectores, ya que es su pega, pero vi cómo mi sueño empezó a desaparecer”.

Ver cómo requisaban sus canastos y luego los remataban, lo que le dio más pena al joven comerciante, sin embargo, no se arrepiente de lo que hizo porque además de salir él adelante, también ayudó a otros.

“Generé hartos puestos de trabajo e inspiré a varios a emprender, igual como ocurrió con el Conejo Martínez de los maní”, explicó.

Matías es un optimista y no pierde las esperanzas de surgir nuevamente, sin embargo, no volvería a emprender en la calle. “Que alguien me apoye con un localcito para poder vender mis productos, o un carro con permiso. Las ganas siguen, igual que desde el día 1“, afirmó.

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