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El club español de los hombres feministas

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Martes 23 de Abril de 2019 | 10:08 hrs.

El club español de los hombres feministas

Cada uno de los que integran este grupo llega con algo de comida y de bebida. Podría ser como una clásica reunión de esas que nosotros llamamos club de Toby, esas de puros hombres. Sería algo así si no fuera más bien lo contrario: la reunión de un club de hombres feministas, el grupo Viento fresco de Aracena, España.

Es viernes por la tarde en la finca de La Solana, a seis kilómetros de Aracena, que es un municipio de 8 mil habitantes.  A esta reunión van llegando uno a uno a la casa de Ángel Rey, pediatra recién jubilado. Alejo Durán, licenciado en Psicología y Antropología, y Pedro Martín, jefe de compras de un hotel ya retirado. Ellos son parte de este grupo de hombres de entre 56 a 64 años, que se juntan una vez al mes, para hablar más desde el corazón que desde la cabeza, de eso que se conoce como nuevas masculinidades; rechazando la masculinidad tóxica.

Alude cada uno a su experiencia como parte de un trabajo de reflexión que promueven colectivos que buscan no solo su cambio interior sino apoyar “las justas reivindicaciones de las mujeres contra el sexismo” o combatir la violencia de género. No hay datos oficiales de cuántos son —centenares de grupos, según distintas fuentes— pero sí coincidencia en que estos grupos viven un resurgir con el impulso del movimiento de las mujeres y frente a la respuesta de otros hombres que se sienten descolocados.

En este club las conversaciones son confidenciales. Solo están vetados dos temas: fútbol y política. Todos acuerdan previamente el asunto de debate.

En este círculo de hombres han hablado ya casi de todo: de sus padres —uno de los temas duros, que les llevó más de una sesión— y de sus hijos, de sus madres y de sus hijas. De las mujeres con las que conviven, de sexo, de esa “soledad masculina”…

El reloj marca las 21.00. La reunión casi acaba. Cierra uno que sigue hablando de ternura.

Se ponen en pie. Se abrazan. Ponen la mesa y se preparan para comer. Ya pueden hablar de fútbol. Pero no lo hacen.

Fuente: Diario El País 

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